poemas de HEINRICH HEINE
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poemas de HEINRICH HEINE

Heinrich Heine (Düsseldorf 13-XII-1797 – París 17-II-1856), poeta y ensayista alemán. Su padre era un comerciante judío con admiración por la cultura inglesa por el nombre originario del poeta era Harry. Se educó primero en una escuela judía y después, cuando las leyes lo permitieron, en una escuela cristiana. Trabajó en un banco en Frankfurt y luego en otro de Hamburgo, propiedad de su tío Salomon, que luego fue su mecenas hasta 1844, siendo famoso su dictamen sobre su protegido: “Si hubiese aprendido algo bueno, no tendría que escribir libros”. Estudió Derecho y Literatura en Bonn y Gotinga, donde asistió a las clases de Moritz y de Schlegel (fundador del Romanticismo). En Gotinga fue agredido por su origen judío por varios colegas, a los que retó a duelo, la universidad expulsó a Heine y a sus adversarios, entonces se trasladó a Berlín, donde estudió desde 1821 a 1823, asistiendo, entre otras, a las clases de Hegel. Debido a que las leyes de integración de los judíos, no calaban en la sociedad, Heine se hizo bautizar, con lo que consiguió ser detestado igualmente por judíos y cristianos.
Comenzó a publicar versos y prosas hacia 1820 lo que le hizo famoso casi de la noche a la mañana, pero mantuvo una virulenta polémica con el poeta August von Platen, el cual, como fundamento de su crítica achacaba a Heine su procedencia judía, más que sus versos que eran los mejores que entonces se hacían en Alemania. Conoció el éxito con su Libro de canciones del que se llegaron a hacer doce ediciones en vida del autor. Como político era de ideas republicanas y socialistas, lo que motivó su exilio a París.
Escribió numerosos ensayos literarios, hacía gala de la ironía y el sarcasmo, especialmente contra el gusto romántico, a pesar de que él también lo era, aunque no sólo era eso, sino también un clásico ilustrado. También escribió, en francés, un prólogo a una edición francesa del Quijote. Sus críticas, no muy eruditas, se basaban en la expresividad y los recursos del poeta que era, pues estaban escritas desde el punto de vista del lector y para el lector común, no para la academia.
En España fue un autor muy conocido. Influyó bastante en escritores del último romanticismo, como Rosalía de Castro, Enrique Gil y Carrasco y Gustavo Adolfo Bécquer.
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El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa.

Mian Garlo- Cantidad de envíos: 30
Fecha de inscripción: 27/05/2009
Edad: 55
Re: poemas de HEINRICH HEINE
Del Libro de Canciones publicado en 1885, traducido en verso por Teodoro Llorente, dejo esta poesía que es una canción, popularísima en Alemania.
Estoy triste, muy triste, sin que entienda
la razón ni el por qué:
fija tengo en la mente una leyenda
que en la infancia escuché.
Era frío el crepúsculo; rodaba
tranquilo el Rhin; el sol
las cúspides remotas alumbraba
con su último arrebol.
Allá, en la cima, en trono diamantino,
en fúlgido sitial,
peinaba sus cabellos de oro fino
doncella celestial.
Peinábalos con peine también de oro,
cantando una canción,
cuyo eco singular, triste y sonoro,
turbaba el corazón.
Surcó un barquero la corriente undosa;
oyó el dulce cantar:
y contemplando a la doncella hermosa,
fue en el escollo a dar.
Tragó el río la barca y el barquero:
y esa tirana ley
sufre siempre quien oye el lisonjero
cantar de Loreley.
La canción es tan popular, y ha sido interpretada por tan diversos cantantes y coros, que no pudo dejar de publicarse ni siquiera en la época nazi, en que la que Heine estaba totalmente prohibido; aunque eso sí, indicando que se trataba de una canción de autor desconocido.
Estoy triste, muy triste, sin que entienda
la razón ni el por qué:
fija tengo en la mente una leyenda
que en la infancia escuché.
Era frío el crepúsculo; rodaba
tranquilo el Rhin; el sol
las cúspides remotas alumbraba
con su último arrebol.
Allá, en la cima, en trono diamantino,
en fúlgido sitial,
peinaba sus cabellos de oro fino
doncella celestial.
Peinábalos con peine también de oro,
cantando una canción,
cuyo eco singular, triste y sonoro,
turbaba el corazón.
Surcó un barquero la corriente undosa;
oyó el dulce cantar:
y contemplando a la doncella hermosa,
fue en el escollo a dar.
Tragó el río la barca y el barquero:
y esa tirana ley
sufre siempre quien oye el lisonjero
cantar de Loreley.
La canción es tan popular, y ha sido interpretada por tan diversos cantantes y coros, que no pudo dejar de publicarse ni siquiera en la época nazi, en que la que Heine estaba totalmente prohibido; aunque eso sí, indicando que se trataba de una canción de autor desconocido.
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Mian Garlo- Cantidad de envíos: 30
Fecha de inscripción: 27/05/2009
Edad: 55
Re: poemas de HEINRICH HEINE
Otra poesía, que nos muestra que Heine era algo más que un poeta romántico, la versión también es Teodoro Llorente:
Cuando aviva la alegre primavera.
del sol los resplandores,
abren en el jardín y en la pradera
sus cálices las flores.
Cuando la luna, de la noche obscura
rasga el opaco velo,
brillan en torno de ella con luz pura
las estrellas del cielo.
Cuando vislumbra el soñador poeta
dos pupilas radiantes,
brotan con más calor de su alma inquieta
los versos palpitantes.
¡Lástima grande, sí, que ese tesoro
de estrellas, versos, flores,
pálida luna, sol de fuego y oro,
ojos deslumbradores;
Toda esa fantasía deliciosa
que tanto nos agrada,
en este mundo de mezquina prosa
no sirve para nada!
Cuando aviva la alegre primavera.
del sol los resplandores,
abren en el jardín y en la pradera
sus cálices las flores.
Cuando la luna, de la noche obscura
rasga el opaco velo,
brillan en torno de ella con luz pura
las estrellas del cielo.
Cuando vislumbra el soñador poeta
dos pupilas radiantes,
brotan con más calor de su alma inquieta
los versos palpitantes.
¡Lástima grande, sí, que ese tesoro
de estrellas, versos, flores,
pálida luna, sol de fuego y oro,
ojos deslumbradores;
Toda esa fantasía deliciosa
que tanto nos agrada,
en este mundo de mezquina prosa
no sirve para nada!
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Mian Garlo- Cantidad de envíos: 30
Fecha de inscripción: 27/05/2009
Edad: 55
Re: poemas de HEINRICH HEINE
La poesía de Heine, resume y agota el Romanticismo alemán, y de alguna manera lo supera, pues su lenguaje abandona los excesos de la lengua arcaizante y ampulosa, para dar cabida a una expresión más sencilla y coloquial. Además Heine era un gran poeta satírico, capaz de encontrar poderosas imágenes para burlarse de cualquier cosa, era un hombre de un gran ingenio y con una gracia especial para escribir con humor.
La canción de los florines
¿Qué te has hecho, mi tesoro,
que perdido busco y lloro?
¿Dónde estáis, florines de oro?
¿Estáis entre los dorados
pececillos esmaltados,
que surcan tranquilamente
los senos aljofarados
de la cristalina fuente?
¿Estáis entre las doradas
florecillas perfumadas,
que abren en vergel umbrío
sus corolas empapadas
en las perlas del rocío?
¿Estáis entre los dorados
pajarillas matizados,
que, robando al sol sus galas,
visos atornasolados
dan a sus abiertas alas?
¿Estáis entre las doradas
estrellas, siempre inflamadas,
que, para darnos consuelo,
tiernas y dulces miradas
nos dirigen desde el cielo?
No estáis, dorados florines,
en las cristalinas fuentes,
ni en los umbrosos jardines,
ni del aire en los confines,
ni en los cielos transparentes.
Para buscaros, en vano
registrara el orbe entero;
pues estáis -¡oh trance fiero!-
en las garras de milano,
de un implacable usurero.
La canción de los florines
¿Qué te has hecho, mi tesoro,
que perdido busco y lloro?
¿Dónde estáis, florines de oro?
¿Estáis entre los dorados
pececillos esmaltados,
que surcan tranquilamente
los senos aljofarados
de la cristalina fuente?
¿Estáis entre las doradas
florecillas perfumadas,
que abren en vergel umbrío
sus corolas empapadas
en las perlas del rocío?
¿Estáis entre los dorados
pajarillas matizados,
que, robando al sol sus galas,
visos atornasolados
dan a sus abiertas alas?
¿Estáis entre las doradas
estrellas, siempre inflamadas,
que, para darnos consuelo,
tiernas y dulces miradas
nos dirigen desde el cielo?
No estáis, dorados florines,
en las cristalinas fuentes,
ni en los umbrosos jardines,
ni del aire en los confines,
ni en los cielos transparentes.
Para buscaros, en vano
registrara el orbe entero;
pues estáis -¡oh trance fiero!-
en las garras de milano,
de un implacable usurero.
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Mian Garlo- Cantidad de envíos: 30
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